Nápoles: con el Vesubio en la puerta

“…con el Vesubio allí, casi en la puerta
Y Capri en la azulada lejanía
De un sueño organizado a pierna suelta”.

Con estas palabras concluye el poema dedicado a Nápoles del poeta sevillano Adriano del Valle. Con el Vesubio en la puerta, Nápoles se despierta de su azul y organiza el bullicio de cada día; el olor y el color que va a sorprender al viajero; el puerto de Nápoles y las plazas que transmitirán la verdadera esencia de la costa italiana de la Campania.
En el poema de del Valle, se dice que la “la lava baja al mar en rompeolas y Pompeyas de coral cuajan las olas”. Y es que Nápoles es fundamentalmente el resultado del fuego y la sal, de la mar y el monte.

Llegar en crucero a Campania, la región de los 5 Patrimonios de la Humanidad

Llegar en crucero a Nápoles es la mejor forma de obtener la panorámica de la ciudad colorida que nos conquistará para siempre.
Bordeada por las islas de Ischia, Capri y Procida, la región de la Campania cuenta entre sus tesoros con cinco elementos distinguidos como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Así, además de la propia ciudad de Nápoles; la Costa Amalfitana, el Palacio Real de Caserta; Pompeya, Herculano y Paestum, así como el Parque Nacional del Cilento y del Vallo di Diano ostentan tamaña distinción.

Cuando el mar te trae a Nápoles no tienes más que dejarte llevar por el instinto viajero y por el encanto de una ciudad que atesora tal cantidad de reclamos y monumentos que resulta complejo elegir entre su oferta cultural y patrimonial. Nápoles tiene más de 450 iglesias y edificios religiosos. Entre ellos destaca su Duomo di Santa María Assunta, que data del siglo IV y acoge el baptisterio más antiguo de Occidente.
La catedral napolitana acoge también la Capilla del Tesoro, con su famoso busto de San Gennaro y su reliquia. Dicen que la sangre contenida en su relicario se licúa el día del aniversario de la muerte del santo. Este ‘milagro’ origina gran devoción de los napolitanos por su patrón, además de multitudinarios actos procesionales.
Además de las iglesias de San Gregorio Armeno y Gesú Nuovo, ambas joyas de la arquitectura y el arte religioso que se han convertido en todo un reclamo para los amantes del arte sacro, Nápoles cuenta entre sus secretos con las extensas catacumbas de San Gennaro, del siglo II; así como con los imponentes 173 metros de alto de la iglesia de San Francisco di Paola en la Piazza del Plebiscito –auténtico epicentro cultural de la ciudad- o con la iglesia de San Lorenzo Maggiore, que custodia entre sus muros la tumba de Catalina de Austria.
Entre las visitas más recomendables si se hace una excursión tras desembarcar en crucero en Nápoles está la del Anfiteatro Flavio, del que dicen es el más grande de Italia.

El Nápoles de los barrios: Vomero y Español

Pero además de los monumentos más emblemáticos del casco urbano napolitano, y de visitar lugares cercanos como Capri o el Monte Vesubio y Pompeya, así como cumplir las supersticiones locales como caminar con los ojos cerrados desde el Palacio Real a las dos estatuas ubicadas en la misma plaza del Plebiscito; o recorrer la preciosa calle de tiendas de la Gallería Umberto I y comprarnos algún recuerdo en forma de última moda a la italiana, lo recomendable si se quiere conocer Nápoles de verdad es dedicar unas horas a conocer los barrios más emblemáticos de la ciudad. Los auténticos epicentros de la vida misma de la capital de la Campania.
Así, podemos subir en funicular al Barrio Vomero de Nápoles. Desde este magnífico barrio burgués podemos tomar una de las fotografías más hermosas del viaje: la vista del golfo desde el Monasterio Cartujo de San Martino. El centro neurálgico de Vomero es su Piazza Vanvitelli. Conviene pasear por ella. También el Castillo medieval de San Telmo es parada obligada en esta parte de la ciudad.
Y por supuesto, la Vía Toledo y el Barrio Español de Nápoles nos ofrecerán la visión contrapuesta, el alboroto, el encanto de lo caótico y el Nápoles más jovial se vive en el barrio cuya arteria principal lleva el nombre de la ciudad del Greco en honor a Pedro Álvarez de Toledo, virrey de Nápoles. Se localiza cerca del puerto y en dirección al Castel Novo. Es el verdadero Nápoles subterráneo, formado por galerías y que esconde los secretos mejor guardados de la ciudad.

De ‘shopping’ en Nápoles

No conviene abandonar Nápoles sin pasear por la Piazza de Dante. Se llega a ella a través de una de las arterias construidas por los griegos, el Decumano, que hoy se llama Via del Tribunali. La preciosa galería comercial en sus inmediaciones, la galería Príncipe de Nápoles, es también digna de una parada para practicar el shopping.

Nápoles: la cuna de la pizza y de los vinos deliciosos

Y por supuesto, si se quiere tener el honor de degustar una auténtica pizza napolitana hay que volver sobre nuestros pasos al Barrio Español, a la Vía Chaia y a la Pizzería Brandi. En este establecimiento dicen que se creó la genuina Pizza Margarita, en honor a la reina Margarita de Saboya, de cuya casa era proveedor este histórico establecimiento hostelero.
En Nápoles se dice que la verdadera pizza napolitana es de tres tipos: la marinara, la margarita y la margarita extra –con queso de búfala-. Conviene hacer un menú degustación para opinar con criterio.
Es importante acordarse de degustar los exquisitos vinos de Campania. La escala del crucero en Nápoles es también una escala enoturística porque permite probar vinos de tal calidad y fama como los elaborados con Aglianico, la mejor uva de piel oscura del sur de Italia, como los vinos de la DOCG Taurasi, que se vendimian cuando hay nieve. También son muy conocidos y deliciosos los vinos de las DOCG Greco di Tufo y Fiano di Avellino. Todos los puedes degustar si eliges descubrir Nápoles por mar y vivir el sueño napolitano “organizado a pierna suelta”.

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