Escala en una de las mejores gastronomías del mundo

El chef francés Paul Bocuse, fundador de la nouvelle cuisine, dice que ‘cuando uno cocina, cocina por la felicidad del otro‘. Esta frase resume muy bien qué significa para Francia la buena mesa, la tradición culinaria y el respeto por el momento ritual de sentarse a la mesa.

El país donde se creó la archiconocida Guía Michelin tiene en su tradición culinaria una de sus señas de identidad más arraigadas. La cocina francesa es el retrato de su modo de vivir, de su transitar por el mundo y de su auténtico respeto por los orígenes. André Michelin creo en 1900 una guía publicitaria que se regalaba con la compra de neumáticos. No fue hasta veinte año más tarde que comenzaron a aparecer restaurantes en la publicación editada por Michelin Éditions du Voyage, la más antigua de las guías europeas de hoteles y restaurantes.

Seis años después, los restaurantes de la Guía Michelin comenzaron a clasificarse con estrellas y en 1931 se estableció la actual clasificación de 1, 2 y 3 estrellas para caracterizar la calidad de los establecimientos de restauración que figuran en ella.

Gastronomía francesa, Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO

En 2010 la UNESCO incluyó la gastronomía francesa en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Los restaurantes, los bistrot, las brasserie, los bouchon y estaminet reviven cada día esa declaración, se esfuerzan por conservar y mejorar una cultura culinaria viva y latente.

Dicen que el secreto de que la gastronomía de Francia sea una de las mejores gastronomías del mundo radica en una suma de factores entre los que se encuentran la elección de productos de calidad, en su mayoría producidos en el propio país gracias a su diversidad morfológica, climática y territorial; el absoluto respeto por su diversidad regional, en preparaciones, tiempos y productos empleados; la estética de sus resultados finales, cuidando hasta el mínimo detalle en lo que se refiere a texturas, gamas cromáticas y presentaciones; el perfecto maridaje entre los platos y los vinos; los propios vinos como un elemento fundamental de su personalidad culinaria; y, sobre todo, el ritual social de sentarse a la mesa y compartir comida y conversación.

Si la comida en Francia es felicidad, este es el secreto de la felicidad: la apuesta por la calidad, el respeto por la tradición y la mejora constante; así como el hecho de hacer del momento de la comida un instante para compartir, para disfrutar, en definitiva, para vivir.

Y es que como reza una de las frases más célebres del citado Paul Bocuse, ‘se necesita poco para hacer las cosas bien, pero menos aún para hacerlas mal’.

La visita a cualquier región de Francia, la escala en cualquiera de los puertos de Francia no está completa sin detenerse a contemplar, saborear, maridar y, sobre todo, compartir una muestra de su excelente gastronomía. Una efímera y mágica muestra de su sabor a felicidad.

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